Me enseña un libro que compró en Portland el verano pasado. Listography, de Chronicle Books. En cada página, rayada como un cuaderno, hay un título de lista para que el lector la complete. Nombres de las mascotas que has tenido. Actores favoritos. Cosas que quieres hacer antes de morir. Así hasta cien.

Dice que se ha dado un plazo para completarlo. Que quiere que sea un registro de su vida en este periodo. Y después pasa las páginas para mí, abriéndolo apenas, dejándolas resbalar contra el pulgar. Algunas destacan en el rápido aleteo por la tinta azul casi fluorescente que ha utilizado para rellenarlas.

Pregunto cuáles. No quiero saber el contenido, solo las que ha empezado.

Mis fantasías sexuales. Lugares raros donde he follado. Gente a la que hubiera querido tirarme (y aclara que algunos son solo apodos: “ese tío que me cruzaba cada mañana en el metro camino de la facultad”). Personas a las que más quiero.

“El libro es peligroso. No puedes tenerlo ahí, al alcance de cualquiera. Es más íntimo que un diario.”

Y después: “Pero podrías dejárselo a tus hijos en herencia. Que descubran cosas que nunca sospecharon de ti. O a la persona con la que compartas tu vida.”

Ella rápida, casi como una defensa: “A él no le hará falta porque ya lo sabrá todo.”

La culpa no es de quien esconde algo. Es de quien busca y lo encuentra. Para qué descubrir cosas que quizá no puedas soportar. No abras los cajones del baño en casa de tus amigos. No mires el móvil de tu pareja. No leas los efectos secundarios del tratamiento que sigues.

A pesar de eso, mientras pasaba las hojas, he leído involuntariamente: “Nombra tus mayores miedos.
1. Los toros.
2. La soledad.”

(Y recuerdo: los cinco en el coche, hablando del vértigo que no deja dormir algunas noches cuando se piensa en la idea de morir. Y yo diciendo que no me asustan la soledad o la muerte. Y ella preguntando que cómo era posible.)

Dos: La soledad. Pienso en cómo de grande será ese miedo, cómo de fuerte esa angustia. Si eso explica que yo este aquí ahora, en su casa, esta noche. Y si es consciente.

Por la mañana el libro sigue sobre la mesa. Ella se lava los dientes. Yo recojo mis cosas-de-dormir-fuera. Podría abrirlo un breve momento. Leer.

Elijo no hacerlo.