Es domingo y por la ventana entra el sol salvaje y frío de diciembre. Ya nunca consigo dormir las noches de juerga hasta mediodía y amanezco a eso de las diez, incapaz de quedarme entre las sábanas. Doy un par de vueltas en la cama hasta localizar a ciegas su cuerpo caliente y beso su cuello y froto la nariz a lo largo de su espalda hasta despertarla. Después me levanto y voy al baño.

El olor de un cigarro rubio llega hasta mi nariz bajo el agua de la ducha. Ha debido rendirse, aceptar que hay que aprovechar la mañana y levantarse.

Cuando salgo la encuentro fumando de pie, semidesnuda, mirando con atención un papel en su mano. Por los colores y el tamaño parece la mitad de una tarjeta de embarque de Air Europa.

“¿Y esto?”

(pregunta como un disparo)

“Es una tarjeta de embarque”.

(En el vacíabolsillos del que la ha sacado hay de todo: entradas de conciertos, librillos de papel de fumar acabados, fotografías de carnet, multas de tráfico, estratos de papeles y papeles que esperan a ser clasificados o tirados un día de estos)

“Si, a Barcelona. Aquí pone 23JAN07”

Si, 23 de enero de 2007. Aprieto los dientes. No recuerdo haber volado a Barcelona este enero. En esas fechas ella estaba en Berlín. Sé lo que está imaginando: un viaje a sus espaldas, a escondidas, aprovechando los dos mil kilómetros que nos separaban, una escapada a Barcelona para ver a otra.

Miro la tarjeta de embarque, lo hago con tanta fuerza que va a empezar a arder entre mis dedos en cualquier momento. “Debe ser un error”, murmuro.

Vuelvo a entrar al baño. Me miro al espejo. Yo no he estado en Barna en enero. No he pisado esa ciudad en todo el año. Me lo prometo y me lo juro, no he podido olvidarlo. Es como si me hubiera parado la policía y al pedirme que abriera el maletero dentro hubiera un cadáver. Y yo sin saber cómo ha llegado hasta ahí pero con las manos manchadas de sangre y un cuchillo en la guantera, claro.

Salgo de nuevo dispuesto a explicarme, a gritar, a pelear inútilmente porque sé que nunca va a aceptar que es un error informático, un fallo. Miro la tarjeta de nuevo. En una sección gris junto a la fecha distingo dos tenues puntos que no habíamos visto.

No es 23JAN07.

Es 23JAN07:00. Las putas siete de la mañana.

Y grito exultante y se lo señalo y le explico que esa tarjeta debe ser de hace un par de años. Pero aun así, aunque ella asiente con la prueba en sus manos (esos dos puntos cero cero que lo lavan todo) veo un gesto de dureza en sus labios.

Los policías me habrán dejado seguir mi camino, pero sé que están vigilando.